El golpe militar contra Mohamed Mursi en la conocida como segunda revolución egipcia puso en evidencia el control total que los militares ejercen sobre el país, el cual en términos económicos, podría traducirse en el control directo de entre el 5 y el 30% del PIB de Egipto.

Sin embargo, la segunda revolución egipcia (obviando la de Nasser en 1952) ha producido un cambio en la política de control social en terreno interno y de fortalecimiento de las relaciones internacionales de Egipto con su vecindad, por tal de asegurar la posición de Al Sisi en el poder.

Si bien se consideraba el régimen de Mubarak como una autocracia liberal en la cual, la Hermandad Musulmana era tolerada como grupo opositor, llegando incluso a que sus miembros participasen de forma individual en las elecciones egipcias, así como el régimen militar se sustentaba en la élite civil del propio NPD, la situación se ha revertido totalmente con la llegada de Abdel Fattah al-Sisi al seno del poder. Esta nuevo escenario ha supuesto la eliminación los militantes de la Hermandad Musulmana en Egipto, ya sea con sus asesinatos durante las confrontaciones con las fuerzas de seguridad egipcia, las sentencias judiciales de muerte a sus líderes, o el encarcelamiento de miles de simpatizantes acusados de terrorismo, espionaje o de incitación a la violencia. Además, en el seno del poder egipcio, al tiempo que los militares están fortaleciendo su posición, la antigua élite burocrática y gobernativa del NDP está siendo marginalizada por el ejército , tal como es el caso de Ahmed Ezz, quien llegó a ser enviado a prisión.

Sin embargo, pese a estas luchas en el seno del poder al-Sisi no ha podido consolidar plenamente su poder ya que existen ciertos elementos independientes en la estructura organizativa del estado egipcio. De entre los diferentes actores  que dominan la denominada estructura híbrida del poder egipcio, cabe destacar la judicatura, actor que tras sobrevivir a la ofensiva del anterior mandatario Mursi, tratan de limitar en base a la constitución la jurisdicción militar a asuntos militares, manteniendo así su cuota de poder autónoma.

Por otra parte, el régimen de Al-Sisi organiza el control social en base  a la violencia estatal mediante leyes contra terroristas que acaban por enviar a prisión a aquellos que critican la versión oficial del régimen; y mediante la hiper-nacionalización del discurso político entorno a la figura mediática de Al-Sisi.  

Por otra parte, en terreno internacional, la lucha doméstica contra la Hermandad Musulmana ha sido una de las acciones político militares por excelencia que el régimen egipcio ha marcado en su agenda. Contando con Arabia Saudí e Israel como principales aliados, el derribo del Airbus ruso el pasado 31 de octubre de 2015 ha sido el causus belli para el control militar del Sinaí, y así proteger uno de sus principales activos económicos, el turismo high class de Sharm el Sheik.

Con el objetivo de estabilizar la península del Sinaí, el ejército egipcio ha llevado a cabo operaciones militares contra Ansar Bair al-Maqdis (afiliado regional de ISIS), así contra los túneles de Hamás que conectaban el Sinaí con Gaza para así deteriorar, si cabe todavía más, la influencia de la Hermandad Musulmana en la región.

Finalmente, esta relación con Israel no podría ser entendida, sino tanto por la aceptación de Al-Sisi de los tratados de Camp David, y el lobby que, desde Jerusalén, el presidente Benjamin Netanyahu ejerce sobre Washington. Del total de la Ayuda Oficial al Desarrollo que desde Washington emana hacia Oriente Medio, Israel y Egipto son los dos principales países beneficiarios. Además, si observamos de forma más detenida esta ayuda, podremos observar como en el caso de Egipto, la ayuda se compone principalmente de asistencia militar que se dirige al presupuesto de defensa egipcio, el cual queda controlado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

Por otro lado, es interesante comentar en referencia a la cooperación entre Egipto y Arabia Saudí, que principalmente las grandes inversiones realizadas por los saudíes dirigidas a revitalizar y mejorar el comercio en el Estrecho de Suez y el Mar Rojo han sido invertidas principalmente en compañías controladas por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

Habríamos de preguntarnos pues, ¿la consolidación de los Hermanos Musulmanes en el poder de Egipto suponía ciertamente un reto mayor para los militares del país o para sus vecinos regionales?